Besos en diferido

Envío besos
de pantalla a pantalla
de mi casa vacía
a tu sala con gente
de cama tibia
a escritorio
de la noche a la mañana

como si estuviéramos en distintos husos horarios
como si la noche ancha de invierno
me detuviera los labios
y las palabras no alcanzaran a recorrer cuadras
y tuvieran que andar kilómetros en trenes
para no decir nada
más que besos
que no se dicen

Apago la radio y enciendo el silencio
para que mis sueños se coman la distancia
y amanezcan besos recibidos

1 comment 6 Julio, 2008

Ensayo del otoño

En este proyecto de desconsuelo
primero diré que no hay tiempo
ni pasos descuidados
horadando las veredas
que nos rondan
aún si los recuerdos incipientes
quedan aplastados
por el peso del vértigo

Luego voy a ensayar
la nostalgia del futuro
y el gesto de las hojas
a los árboles despojados

Finalmente
perfeccionaré la pantomima
de disolverse en esta maraña de trazos
cubriéndome el cuerpo de pasos
mientras la añoranza líquida
halla los intersticios

Add comment 20 Mayo, 2008

Retrato de la bruma

Para L.

Tengo tu sabor pegado en la boca
y más allá de la boca
en los ojos,

detrás de los ojos
en el meollo de la cabeza
donde el olfato
va a encontrarse
con la mirada

Te tengo pegado
en la hondonada acogedora
de mi cuerpo

Tus pájaros vuelan
por mis bordes
atravesando cielos abandonados

les pregunto si buscan islas
pero juegan a un silencio
de aleteo lento

Escondo los nombres
entre las palabras
para navegar
mientras dure el viento

Add comment 30 Marzo, 2008

Olvido

Lo primero que despierta es el oído
lo que más amarra es el olfato
imaginan los ojos
lo que el tacto devora

El tacto se evapora
casi instantáneamente
y el olfato a penas amaga
huellas torpes

Los ojos se quedan mirando
aún cuando la imagen aterida
se ha despegado de todo
volviéndose acuosa e indistinguible

Los oídos, sin embargo,
se quedan atentos
a los acordes lejanos
ensayando la historia

que al repetirse
se entiende y se pierde
se transforma y desmigaja
vuelve a irse cada vez

hasta que el silencio
viene a completar la nada

Add comment 29 Febrero, 2008

La vereda de enfrente

Día por medio
te mueres un poco
para poder vivir
día por medio

Te buscas
una gotera en la frente
una vida imposible
una preciosa fragilidad
líquida en tus manos

Tuviste que ahogarte
y ahogarlos a todos
por no saber nadar

te sumaste, te restaste
y te quedaste en cero
y ahora tienes que inventar

Yo miro desde acá

Add comment 29 Enero, 2008

Tiempo de espera

No tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo
y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj.

Alicia en el País de las Maravillas

Esta es la espera, me dijo, y dibujó una cosa que parecía una roca con la base más ancha. Este es el deseo, y dibujó una flecha.
Este es el tiempo, y el dibujo fue un círculo grande donde estaba el deseo y la espera. Con su lápiz puntiagudo comenzó a señalarlos mientras explicaba.
La espera es una mentira del tiempo. El tiempo le miente al deseo, le dice que ya viene eso a lo que apunta su flecha –que puede ser cualquier cosa, precisaba-. Entonces aparece la espera, que es esta cosa que esta aquí –señalaba- y que en realidad no es nada, no existe.
Decía en realidad y se reía, porque sabía que eso también era una broma.
El tiempo siempre hace lo que quiere, viene de acá para allá y a veces es reloj y calendario, otras es una noche eterna donde te duermes de noche y te despiertas de noche y te duermes otra vez y de vuelta a la noche. Otras es un viaje en metro que dura por siempre. Aún otras es una vida que dejó de ser arrastrada para quedar aplastada debajo del tiempo como en un aluvión. Todo eso al tiempo le da lo mismo, se ríe –el tiempo tiene muy buen sentido del humor, un poco sarcástico, no como el destino, pero esa es otra historia-. Como ves, el que queda afuera acá es el deseo, que se confunde, se pierde, se queda sepultado debajo de la espera que se vuelve grande y pesada. Porque el tiempo nutre a la espera, que es cada vez más inamovible, porque cada segundo vale más que el anterior.
Yo ponía cara de que entendía.
El deseo, engañado por el tiempo, alimenta la espera, decía satisfecho.
Qué hacemos con el deseo entonces, le pregunté.
Movió la cabeza reprobatoriamente, como si yo hubiera entendido todo al revés.
El problema no es el deseo, me dijo, es la espera, es eso lo que hay que sacar del medio, la mentira que hay que desmantelar.
Y cómo, pregunté sabiendo que era esa la línea que me tocaba.
Sonrió, disfrutando mi conocimiento del guión, que le permitía hacer su cierre triunfal.
La espera se abandona.
Hizo un silencio dramático.
Se le da la espalda y punto, ahí el deseo queda liberado y el tiempo va a torturar a alguien más.
Ja, dije yo.
A ver si entiendo.
Dejé de esperar que se callara y le lamí la cara, porque hace rato me preguntaba qué sabor tendría.

2 comments 7 Enero, 2008

1 de Enero

La ropa negra
se muere de calor
colgada en el patio

los gatos silenciosamente
miden el peso de su cuerpo
sobre las baldosas

desde lejos
el viento trae
una cumbia atrasada

la siesta recorre las calles

el comienzo se demora

1 comment 2 Enero, 2008

Nostalgia

Extraño el insomnio
jugar a meterme en palabras
cuando el silencio
hace horas destruyó el mundo

Extraño el leve delirio
de muchos días
tapados de preguntas
sobre preguntas

Extraño el desconcierto
de despertar hecha cucaracha
una mañana que se ve
insultantemente normal

Extraño el hambre
el silencio
la angustia

Extraño la nostalgia
qué extraño

Los días se han quedado sin noches

Add comment 23 Diciembre, 2007

El hombre del bar

Para Artemio 

Todos los veranos llegabas en tu barquito que venía de un territorio impronunciable. Yo llegaba al bar la primera o segunda semana, sabiendo que ibas a estar ahí, con la luz amarilla que se derramaba sobre ti y salpicaba a los espectadores de siempre que, como yo, iban a mirarte hablar de unas aventuras tan inverosímiles como tú mismo, que aparecías sólo cuando había sol y ya no nos escondíamos debajo de dos toneladas de ropas que nos ahogaban luz y oxígeno.

Te sentabas en uno de esos pisos tan incómodos, para ponerte a declamar cosas que todos después comentábamos, que es imposible, que se lo inventa todo, que en realidad vive encerrado en un sótano todo el invierno, inventando estas cosas que después nos cuenta. Pero la verdad es que sí te creíamos, y cuando llegábamos a casa de madrugada nos quedábamos mirando el techo, imaginando esas historias que escuchábamos. Lo creíamos porque nos resultaba imprescindible, porque sentíamos que el reloj a las 7 de la mañana, los papeles, las planillas, el café, el casino, el bus y la tele, se volvían insoportables si no pensábamos en el día en que volverías al bar.

Esto lo sé porque de vez en cuando iba para allá en otra época, llegaba como vagabunda perdida que encuentra una islita conocida para pararse un rato, como si ese lugar fuera una colina desde donde identificar el norte. Siempre me encontraba con alguno de nosotros, que se aferraba a un vaso como a una boya, un lugar precario donde descansar sólo un momento. Nos mirábamos, y aunque no nos supiéramos ni el nombre, nos reconocíamos, tú la última vez estabas sentado a la derecha, y tú parada en segunda fila, y eso lo decíamos con una sonrisa leve y sin ganas. Nos hundíamos en el silencio del bar semi-vacío, no decíamos casi nada, a penas comentábamos una canción, la misma que había sonado toda la vida por esos parlantes chicharrientos, qué buen tema, decíamos, o ni siquiera eso, sólo un ruidito, una onomatopeya como uh, o mh, que significaba esta es la canción de siempre, y eso estaba mucho más allá de si nos gustaba o no.

A veces traicionábamos ese lugar, nos íbamos, jurábamos que no íbamos a volver nunca, nos asegurábamos que el tiempo de andar perdidos ya había pasado, que era hora de los comienzos. Sin embargo los comienzos siempre se acababan y ahí llegábamos los descomenzados, los recomenzados y los no comenzados, a esperar algo, que podría haber sido cualquier cosa, pero adoptaba la forma de un hombre cruzando el umbral la primera semana de verano.

1 comment 14 Diciembre, 2007

Preguntas

- Mamá, ¿dónde está mi papá?
- Ismael, ¿dónde dejaste la cotona? ¡Otra vez perdiste la cotona! ¡Te he dicho que cuides tus cosas! ¿Acaso crees que la ropa la regalan?

Fue entonces cuando Ismael, con la cotona puesta, aprendió que hay preguntas que no tienen respuesta

Add comment 10 Diciembre, 2007

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