Posts filed under 'Comentarios estéticos'

Juana Molina: la magia del duende rojo

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A Juana la escuché por primera vez el año pasado, la descubrí por casualidad y sus discos me sedujeron rápidamente, los escuché todos. Este año me llega un mail que dice que viene Juana, yo siento que tengo que ir a su recital, como quien va a tomarse un café con una amiga que no ve hace tiempo. Llego ese día, a pesar de que habían otros 10 lugares donde tenía que estar a esa hora, me siento, espero, escucho a Gepe, me decepciono un poco porque el recital al que fui hace un par de meses fue mucho mejor. Intermedio, encienden las luces. Tomo cocacola con papas fritas y miro a la gente, con un estilo que me alegro de no compartir. Hasta ese momento era una noche normal.

Apagan las luces y sube al escenario un duende rojo que se instala tras una consola espacial, sus armas para hundirnos en un trance que nos lleva a las profundidades acuáticas de una experiencia a ratos mística. Partiendo de sonidos sencillos, una guitarra, un beat, una letra, construye capas y capas de sonidos que se van deconstruyendo la canción hasta transformarse en el puro sonido, abandonando la estructura del lenguaje. Su naturaleza mágica se revela en esa capacidad de hipnotizar que no se adivina al ver subir al escenario ese cuerpo delgado y pequeño, su vestidito de niña en domingo y sus zapatos con hebillas. Que esa vocecita y manos largas sean capaces de hacer todo lo que sucede más tarde en el escenario, no puede ser entendido sin imaginar fuerzas incognoscibles que rescatan algo que imagino se parecen a antiguos ritos chamánicos.

La construcción de la canción sucede allí, frente a nuestros ojos, y eso es tan hipnótico como mirar a un dibujante de plaza construir un rostro desde unos trazos en papel blanco. Toca una serie de notas en el piano, o en la guitarra, como si les estuviera enseñando esa parte de la canción, porque después ellos siguen tocando solos, para que ella pueda entrenar al micrófono en un fraseo, sobre el que cantará otro y otro más, vocalizaciones, palabras, sílabas, sonidos, acompañados de percusiones hechas en casa, que se suceden a la orden de su zapato que ordena a los pedales como director de orquesta. Una alquimista de precisión milimétrica, que tranquilamente convierte lo que sea en oro.

Escuchándola no es difícil entender las ideas que están detrás de su música, o por qué murmura cuando habla arriba del escenario. Ahí está la importancia que tiene para ella el sonido, cómo cada uno se convierte en una pieza en su ajedrez musical. Así, cuando se equivoca construye una canción a partir de su error, y una casi puede imaginársela componiendo “calle ya a ese perro, no lo aguanto, se lo ruego”. Juana Molina en vivo no se parece a nada que yo hubiera visto antes, de esas cosas que dan ganas de ver y volver a ver, un disco para escuchar 500 veces y aún un par de veces más.

Menos mal que el mundo perdió una actriz.

3 comments 9 Septiembre, 2007

El Trip de Alicia

Alice in Wonderland

El otro día vi “Alicia en el País de las Maravillas”, versión Disney. La película es bien extraña, como un ácido para escolares o algo así. Siempre me ha gustado esa historia, y me pareció que la película le hacía un flaco favor al cuento original. Llegué a mi casa a buscar de cabeza el mentado librito y lo encontré. Una edición en inglés del ‘46, con olor a libro viejo, que se compró mi padre alguna vez. Leer el original de Carroll en el idioma original es un agrado. Si leen en inglés, recomiendo intensamente buscarse una edición en esta lengua. Si no, hay unas traducciones anotadas que son bien buenas.

El libro en cuestión, para los que no se lo han leído, es aún más psicodélico que la película de Disney, lo cual es una gracia si consideramos que fue escrito a fines del siglo XIX. Mi librito traía un prólogo donde explicaba que Carroll le contó por primera vez este cuento a tres niñas un día caluroso, tal como empieza la historia. Después la escribió.

Carroll era en realidad un matemático, y la mayor gracia de las aventuras de Alicia es que derivan de los juegos lógicos a través de los cuales está contado este cuento. Alicia entra en una dimensión paralela para darse cuenta de que allí las leyes naturales y racionales no se aplican y, al parecer, cualquier cosa es posible. De esta forma, no sólo divierte a los niños, sino que desafía al lector adulto en sus concepciones dadas del mundo. En este sentido, es como la idea básica de Matrix, pero mucho más lúdica, no tan en serio, y por lo mismo, para mi gusto, bastante más perturbante.

El personaje de Alicia, la niña que atraviesa un sospechoso límite entre el mundo “real” o “normal”, para ingresar a un mundo alternativo, tiene la particularidad de que no se sobresalta todo lo que podría con los extraños sucesos a los que se enfrenta. Tal vez sea por el modo en que habla, en un inglés muy correcto, muy de siglo antepasado, muy de colegio privado. Es cierto que llora y se angustia, pero sus diálogos son siempre medidos y precisos, como desafiando el sinsentido que la rodea. Intenta hacer entrar en razón al mundo de la sinrazón y lo que empieza a ocurrir es más bien lo contrario. En ese sentido, es como la lógica del inconciente de la que habla Freud, donde todo se rige por una lógica que no es la cartesiana, sino una particular de las zonas ocultas del aparato mental. Es por eso que el cuento es psicodélico, como un sueño o un “viaje” en ácido (dicen).

En Alicia hay mil y una frases para el bronce, cosas que dan ganas de repetir una y otra vez, de anotar en las puertas de los baños, de decirle a tus amigos cuando te están contando un problema grave. Aunque me gustaría escribir una larga lista, la idea es que cada uno se lea el librito, así es que sólo citaré mi preferida (traducida por mi), que relata el encuentro de Alicia con el Chesire Puss

«”¿Me podría decir, por favor, en qué dirección tengo que ir desde aquí?”
“Eso depende mucho de adónde quieras llegar”, dijo el Gato
“No me importa mucho dónde”? dijo Alicia.
“Entonces no importa mucho en qué dirección vayas”, dijo el Gato.
“siempre que llegue a alguna parte“, agregó Alicia a modo de explicación.
“Oh, seguro lo harás”, dijo el Gato, “si tan sólo caminas lo suficiente”.»

Este es sólo un pequeño ejemplo, así hay muchos más, tanto y más delirantes. Sólo me queda volver a recomendar el libro, a los que conocen la historia pero nunca se leyeron el libro, a los que se lo leyeron cuando niños, a los que lo conocen y gozan con su relectura. En general, a todos los que disfrutan con todo aquello que pone en cuestión desde las leyes de Aristóteles en adelante.

1 comment 12 Octubre, 2006

Flores que no florecen

Flores Rotas

Flores Rotas es, en cierto modo, una película mínima. Diálogos breves y precisos, escenas cortadas milimétricamente, silencios imprescindibles. Es una de esas historias sin historia, una sucesión de hechos moderadamente inverosímiles que no necesariamente van a alguna parte, y por lo tanto, no necesariamente llegan a destino.

A Jim Jarmusch, el director, lo conocí con Dead Man (1995), donde Johnny Depp es un contador que inicia un viaje místico con un indescifrable indio. Luego vi El Camino del Samurai, filosofía guerrera oriental arriba de un edificio, con detalles como un español que construye un barco en una azotea. Con Flores Rotas continúa en la misma línea del lenguaje, sin embargo alcanza una simplicidad nueva.

Lo que más me gustó fue la precisión de los diálogos, el uso de los silencios y los gestos para contar ese cuento de cuando ocurrió algo que iba a moverte el piso, y sin embargo no cumplió su promesa. Cuando vi Hierro 3 también agradecí la economía de palabras. Esta forma de relato es todo lo contrario de esas películas donde todo el tiempo están explicándote de qué se trata todo, cuál es el punto y por qué. En Flores Rotas no necesariamente hay un punto, lo que no quiere decir que lo que sucede no tenga un sentido.

Las actuaciones, producto de todo lo anterior, son también notables. Actrices reconocibles (July Delpy, Frances Conroy, Jessica Lange, Sharon Stone) que sostienen la película a través de sus pequeños gestos y miradas. La cara de nada de Bill Murray (Don Johnston) es explotada aún más que en Perdidos en Tokio, llegando al límite de lo exasperante. El personaje de Winston (interpetado por el hasta entonces desconocido Jeffrey Wright), en cambio, es un ancla que permite al espectador salirse a ratos de la laconicidad del protagonista, resultando un buen contraste en su excesividad.

La música es notable, el tema central (There is an End) me quedó dando vueltas, y la música de Road Movie, de travesía inútil y ligeramente descabellada, se ríe todo el tiempo de la circularidad, tanto de la película como de la vida del personaje, que transita por una carretera siempre distinta, que aún así es siempre la misma. Además, el disco permite que Winston esté siempre presente, aunque no aparezca en escena.

Por último, están los guiños en rosa, las pistas que no lo son, y las situaciones ridículas que logran aparecer como verosímiles en el contexto de esa historia. La historia de alguien que va a buscar algo que ya no está ahí, que cuando mira hacia atrás se encuentra con que las palomas se han comido todas las migas, y que no hay más respuestas que las que inventamos.

2 comments 26 Julio, 2006

La Sagrada Familia fotografiada por Tunick

Hablar acerca de La Sagrada Familia está de moda, que si es buena, que si es mala, que si es el giro que el cine chileno necesitaba, etc. A mí la Sagrada Familia me gustó, pero poco. Lo que más me gustó fueron los personajes, me pareció que estaban muy bien hechos, que eran absolutamente creíbles, además, me pareció que el padre y el personaje de Patricia López (Sofía) eran notables en su complejidad discursivo/comportamental (invento conceptos como ese sólo para parecer crítica de cine), lo que en general se ve poco en las películas.

Lo que no me gustó fue la historia, para empezar, que me pareció que no se resolvía, que no cerraba, lo cual para muchos no tiene nada de malo, y hay otros que estarán en desacuerdo conmigo, pero el guión se cae en algún punto y no se para más. Lo otro es que nunca pude entender cuál era el sentido de los personajes de Juan Pablo Miranda y Mauricio Diocares, que me pareció que no tenían nada que ver con nada (no daré más detalles respecto al guión para quienes no la han visto) . El asunto de la cámara en mano, tipo testimonial, debo confesar que me tiene aburrida. En las tres primeras películas dogma me pareció bien, pero a estas alturas pocas veces encuentro que se justifica, me cuesta entender por qué alguien quiere darle ese ritmo a su película.

Hay otra cosa que me molestó de esta película y me doy cuenta recién ahora, una semana después de verla: que sea chilena, procedo a explicarme. En general me abstengo de leer críticas de películas antes de verlas porque prefiero ser sorprendida a ir al cine con una idea preconcebida, así es que fue sólo después de verla que empecé a leer comentarios hecho al respecto. En La Fuga, Omar Zúñiga dice “Probablemente en ello –en ese juicio- radique la principal fortaleza cinematográfica de ‘La Sagrada Familia’: la posesión de un discurso coherente y opinante, crítico ante la hipocresía de ciertas manifestaciones de moral conservadora(…)”, ahí me di cuenta de que eso es exactamente lo que me molestó, que la mayor gracia sea eso del discurso crítico y opinante, porque sentí que eso era todo, que lo demás era accesorio.Tuve la sensación de que Campos intentaba decirme todo el tiempo “mira, que cuático, que heavy”, y a mí eso me carga, que se note esa intención, es como que se vea el micrófono en el cuadro. Tal vez eso no me habría pasado si la película no fuera chilena, sino fuera porque en este país siempre sale alguien a denunciar lo obvio, que el doble estándar, que el cartuchismo, etc., como si decir esas cosas fuera algo más que un lugar común. Si quiero sorprenderme con el doble estándar de la familia chilena, veo Pasiones, no necesito ir a ver una película “polémica”.

Mi conclusión respecto a todo esto, es que el día que dejemos de decir cosas como que “el cine chileno es pésimo”, o “hay que ver cine chileno”, tal vez podamos ir al cine a ver una película, mejor o peor, más o menos interesante, más o menos divertida, donde la categoría de chilena sea más un dato de la causa que un parámetro para juzgarla.

4 comments 22 Abril, 2006

Una película para no irse a la cama

En la Cama

Fotografía cortesía de La Fuga

Fui a ver En la Cama porque un par de amigos me la recomendaron. Aún no sé si es o no una buena película. Es más que nada una colección de anécdotas, de temas que se pueden tocar en una cama (o en otras partes) entre desconocidos. La forma en que se suceden estos temas en la película es un poco forzado, y las actuaciones no ayudan. Si bien hay una historia, una trama, es más bien una excusa para decir todo aquello con lo que el público puede identificarse. Yo creo que por eso a mucha gente le ha gustado esta película, porque puede verse reflejado en el desnudamiento compulsivo de oscuros secretos frente a un desconocido. En esto, quienes escriben blogs personales son (somos) expertos.

Creo que una película que es capaz de hacernos empatizar, vale la pena, reconocerse allí donde hay dos actores que nisiquiera lo hacen muy bien (es difícil dejar de ver a Blanca Lewin y a Gonzalo Valenzuela, de hecho al principio me puse a pensar cómo sería acostarse con Gonzalo Valenzuela). Reconocerse desde afuera puede ser un ejercicio interesante, encontrarse a sí misma en lugares comunes que se revelan como tales al ser puestos como una serie de clichés. Tal vez eso es lo más interesante de la película, el develamiento de lo cliché que puede llegar a ser la vida de uno, lo cual también puede ser triste.

Lo otro es que pensé que esta podía ser una buena película de cita y no lo es. La artificialidad de contarse mutuamente la vida, queda al descubierto, y muchas veces aquellos diálogos tan conocidos suenan ridículos al verlos en la pantalla, después de lo cual quedan pocas ganas de revelar secretos íntimos frente al acompañante y la complicidad amenaza con ser sólo un juego de espejos.

Con respecto a la fotografía, puedo decir que a ratos es interesante y a ratos agotadora, tanto por la cámara que se mueve constantemente como por el montaje, sobretodo del principio, que la lleva a una a saltos entre las escenas.

La crítica ha tratado bastante bien a esta película, probablemente por la calidad de estudio antropológico que tiene esta forma de relacionarse entre extraños, de relacionarse sin que hayan lazos reales de por medio, como dijo un amigo, pura transferencia. En este sentido tendría que concordar con Ana Josefa Silva (sólo por esta vez) cuando dice que la película es “una sucesión de conversaciones que ya se quisiera un psicoanalista en su consulta” (enlacama.cl). En esta ocasión me abstendré de comentar acerca de la calidad de Matías Bize como director, ya que sólo he visto esta película de él. Lo único que puedo decir es que me merece cierto respeto el que el tipo haya nacido el mismo año que yo y ya lleve cuatro películas dirigidas.

Si quieren leer otra crítica, la de CivilCinema me gustó.

Add comment 20 Enero, 2006


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