Nostalgia
Extraño el insomnio
jugar a meterme en palabras
cuando el silencio
hace horas destruyó el mundo
Extraño el leve delirio
de muchos días
tapados de preguntas
sobre preguntas
Extraño el desconcierto
de despertar hecha cucaracha
una mañana que se ve
insultantemente normal
Extraño el hambre
el silencio
la angustia
Extraño la nostalgia
qué extraño
Los días se han quedado sin noches
Add comment 23 Diciembre, 2007
El hombre del bar
Para Artemio
Todos los veranos llegabas en tu barquito que venía de un territorio impronunciable. Yo llegaba al bar la primera o segunda semana, sabiendo que ibas a estar ahí, con la luz amarilla que se derramaba sobre ti y salpicaba a los espectadores de siempre que, como yo, iban a mirarte hablar de unas aventuras tan inverosímiles como tú mismo, que aparecías sólo cuando había sol y ya no nos escondíamos debajo de dos toneladas de ropas que nos ahogaban luz y oxígeno.
Te sentabas en uno de esos pisos tan incómodos, para ponerte a declamar cosas que todos después comentábamos, que es imposible, que se lo inventa todo, que en realidad vive encerrado en un sótano todo el invierno, inventando estas cosas que después nos cuenta. Pero la verdad es que sí te creíamos, y cuando llegábamos a casa de madrugada nos quedábamos mirando el techo, imaginando esas historias que escuchábamos. Lo creíamos porque nos resultaba imprescindible, porque sentíamos que el reloj a las 7 de la mañana, los papeles, las planillas, el café, el casino, el bus y la tele, se volvían insoportables si no pensábamos en el día en que volverías al bar.
Esto lo sé porque de vez en cuando iba para allá en otra época, llegaba como vagabunda perdida que encuentra una islita conocida para pararse un rato, como si ese lugar fuera una colina desde donde identificar el norte. Siempre me encontraba con alguno de nosotros, que se aferraba a un vaso como a una boya, un lugar precario donde descansar sólo un momento. Nos mirábamos, y aunque no nos supiéramos ni el nombre, nos reconocíamos, tú la última vez estabas sentado a la derecha, y tú parada en segunda fila, y eso lo decíamos con una sonrisa leve y sin ganas. Nos hundíamos en el silencio del bar semi-vacío, no decíamos casi nada, a penas comentábamos una canción, la misma que había sonado toda la vida por esos parlantes chicharrientos, qué buen tema, decíamos, o ni siquiera eso, sólo un ruidito, una onomatopeya como uh, o mh, que significaba esta es la canción de siempre, y eso estaba mucho más allá de si nos gustaba o no.
A veces traicionábamos ese lugar, nos íbamos, jurábamos que no íbamos a volver nunca, nos asegurábamos que el tiempo de andar perdidos ya había pasado, que era hora de los comienzos. Sin embargo los comienzos siempre se acababan y ahí llegábamos los descomenzados, los recomenzados y los no comenzados, a esperar algo, que podría haber sido cualquier cosa, pero adoptaba la forma de un hombre cruzando el umbral la primera semana de verano.
1 comment 14 Diciembre, 2007
Preguntas
- Mamá, ¿dónde está mi papá?
- Ismael, ¿dónde dejaste la cotona? ¡Otra vez perdiste la cotona! ¡Te he dicho que cuides tus cosas! ¿Acaso crees que la ropa la regalan?
Fue entonces cuando Ismael, con la cotona puesta, aprendió que hay preguntas que no tienen respuesta
Add comment 10 Diciembre, 2007
Patio
La felicidad es esta
no voy a presentarla
a penas compartir
su nombre
Encontrarte donde no sabía
quererte donde no podía
dejar de esperarlo todo
y cerrar la boca
Salir a robarme sonrisas
sentarte en mi sillón
para que sepas
cómo se ve el jardín
Constatar que
después de esa vez
hay otra
aunque esta sea la única
Por quinta vez o la primera
por fin y por principio
por mí
sin ti
aquí
Ven a mirar mi jardín
Add comment 27 Noviembre, 2007
Conversación con tu perro
Semanas sin saber de ti, con un ridículo número inútil. Mi rumbo indeterminado se convirtió en tu casa. No estabas. Mejor, no tenía nada para decirte. Tu perro gimió al verme. Me quedé a conversar con él sentada en el umbral ¿Estás solo? le dije, él se sentó a mi lado. Yo también. Le expliqué la diferencia entre estar sola por voluntad y estarlo por obligación, él entendió perfecto. Puso la cabeza en mi regazo, no porque necesitara que le palmeara el lomo, sino porque lo necesitaba yo.
Add comment 8 Noviembre, 2007
Fe
Cree en Dios, el Demonio y que no hay micros después de las tres. Cree en el amor verdadero. Cree que, si aprieta el botón para que den la luz verde y llega al paradero antes de 5 minutos, se volverán a encontrar.
2 comments 30 Octubre, 2007
Profecía
Los días se harán trizas
cuando la sombra de tus manos
deje de acariciar el pavimento mojado
como si ya no fuera invierno
Los trozos de niebla
nos cortarán los pasos
no habrá agua para traspasarnos gota a gota
los gestos que inventamos
aún entonces haremos ademán
de quitarnos una pelusa del hombro
una imaginaria mancha de la solapa
Te he disuelto en mi tintero
para que tu vida
acabe en mi cuaderno
1 comment 15 Octubre, 2007
Vuelo
La temporada de migraciones
comienza con un vacío estomacal
acompañado de un vértigo innombrable
y una taquicardia leve
Se conjugan atropelladamente
palabras como yo, nada, nunca, nadie
luego se abren las manos
y los dedos de los pies
Entonces desaparece el suelo
todo se vuelve ornamental
A partir de ese momento
las alas se baten solas
y quedarse deja de ser una posibilidad
Add comment 5 Octubre, 2007
Juana Molina: la magia del duende rojo
foto de vai ni lla
A Juana la escuché por primera vez el año pasado, la descubrí por casualidad y sus discos me sedujeron rápidamente, los escuché todos. Este año me llega un mail que dice que viene Juana, yo siento que tengo que ir a su recital, como quien va a tomarse un café con una amiga que no ve hace tiempo. Llego ese día, a pesar de que habían otros 10 lugares donde tenía que estar a esa hora, me siento, espero, escucho a Gepe, me decepciono un poco porque el recital al que fui hace un par de meses fue mucho mejor. Intermedio, encienden las luces. Tomo cocacola con papas fritas y miro a la gente, con un estilo que me alegro de no compartir. Hasta ese momento era una noche normal.
Apagan las luces y sube al escenario un duende rojo que se instala tras una consola espacial, sus armas para hundirnos en un trance que nos lleva a las profundidades acuáticas de una experiencia a ratos mística. Partiendo de sonidos sencillos, una guitarra, un beat, una letra, construye capas y capas de sonidos que se van deconstruyendo la canción hasta transformarse en el puro sonido, abandonando la estructura del lenguaje. Su naturaleza mágica se revela en esa capacidad de hipnotizar que no se adivina al ver subir al escenario ese cuerpo delgado y pequeño, su vestidito de niña en domingo y sus zapatos con hebillas. Que esa vocecita y manos largas sean capaces de hacer todo lo que sucede más tarde en el escenario, no puede ser entendido sin imaginar fuerzas incognoscibles que rescatan algo que imagino se parecen a antiguos ritos chamánicos.
La construcción de la canción sucede allí, frente a nuestros ojos, y eso es tan hipnótico como mirar a un dibujante de plaza construir un rostro desde unos trazos en papel blanco. Toca una serie de notas en el piano, o en la guitarra, como si les estuviera enseñando esa parte de la canción, porque después ellos siguen tocando solos, para que ella pueda entrenar al micrófono en un fraseo, sobre el que cantará otro y otro más, vocalizaciones, palabras, sílabas, sonidos, acompañados de percusiones hechas en casa, que se suceden a la orden de su zapato que ordena a los pedales como director de orquesta. Una alquimista de precisión milimétrica, que tranquilamente convierte lo que sea en oro.
Escuchándola no es difícil entender las ideas que están detrás de su música, o por qué murmura cuando habla arriba del escenario. Ahí está la importancia que tiene para ella el sonido, cómo cada uno se convierte en una pieza en su ajedrez musical. Así, cuando se equivoca construye una canción a partir de su error, y una casi puede imaginársela componiendo “calle ya a ese perro, no lo aguanto, se lo ruego”. Juana Molina en vivo no se parece a nada que yo hubiera visto antes, de esas cosas que dan ganas de ver y volver a ver, un disco para escuchar 500 veces y aún un par de veces más.
Menos mal que el mundo perdió una actriz.
3 comments 9 Septiembre, 2007
Decisión
He tomado una decisión
(ya deberías saber,
tomo decisiones los lunes
me ahogo los martes
me olvido los miércoles
me imagino los jueves
me emborracho los viernes
me arrepiento los sábados
te espero los domingos)
no acepto tus insolencias de pájaro
ni andar recordada de bruces
en veranos otoñales
me voy a cantar canciones
sin memoria ni destino
sin plazos ni alivio
a dedos trenzados en la cintura
con el pelo firmemente tomado
y vistas homicidas
he decidido no entender nada
1 comment 5 Septiembre, 2007





