Un barco

20 febrero, 2006 at 3:22 pm 1 comentario

El mundo se me cruza, me acompaña, me hace una finta, me intercepta, me quiebra y me acoge alternativamente. A veces siento una necesidad enorme de ir a su encuentro, de zambullirme en aquello que está ahí pero yo no veo porque me falta dar vuelta en la esquina correcta. Quisiera poder interpretar cosas como globos rojos estallando en el sol, o el idioma inventado de los niños de dos años, quisiera saber qué significa el ruido que hacen las hojas.

En ciertas ocasiones, escribir es un conjuro, es hacer magia con un mundo estático para transformarlo en un misterio, un oráculo a ser descifrado. Otras veces escribir es pura forma, poner unas palabras al lado de las otras y ver cómo se transforman mutuamente, cómo forman algo que antes no estaba allí, cómo suenan de una forma particular, produciendo una melodía extraña, incluso bella, por lo menos perturbante. Quizás ambas formas no sean contradictorias, quizás la idea sea justamente aquello de que el adjetivo modifica al sustantivo. Cuando uno aprende eso en el colegio no sabe lo que significa aquello, lo poderoso que resulta el que una palabra modifique a otra. Yo puedo decir barco. Luego agrego azul y tengo un barco azul. Barco triste. Barco perdido. Barco anhelante. Barco frágil. Frágil barco azul. Podemos agregar un verbo y estamos a pocos pasos de la poesía. El frágil barco azul se tambaleaba perdido y anhelante. Aquello definitivamente es triste. Entonces una frase formada por palabras casuales tiene la capacidad de formar algo, por lo menos una imagen, la imagen de un barco que es azul y no de otro color, un barco que se tambalea, que va de un lado a otro, quizás al borde de la zozobra, un  barco que está en un límite, un barco en peligro. Además este tambaleo es perdido y anhelante, un tambaleo en pos de algo que no se encuentra, algo que está en la forma más real o más delirante, algo a lo que se va pero no se llega. Todo eso puede ser extraído de 9 palabras, 9 palabras que están puestas una junto a la otra, que se rozan o se esquivan, que ponen a otras palabras entre ellas, que forman puentes y construyen abismos, que evocan mundos, experiencias, sensaciones, todo aquello en lo que se nos va la vida.

Es así como he creado un barco azul que ya tiene algunas características, que habla de algo, un barco azul, que hace algunos momentos no era más que una palabra de Silabario, ahora tiene carácter. Yo he creado un barco azul porque aunque ambas palabras estaban desde antes, al ponerlas yo una junto a la otra, al agregar 7 palabras más, he creado algo a lo que le pasa algo o que hace algo. Qué más cerca de dios que crear cosas vivas. Mi barco zarpa desde la esquina de mi mente y puede llevarme por intrincados recovecos de la imaginería popular y propia asociada a los barcos, puede contarme una historia que es su historia pero que habla de la mía, puede decirme un secreto que yo misma no conocía. 

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Entry filed under: Filosofías Cotidianas.

Sentados en la acera (canción)

1 comentario Add your own

  • 1. Francisco Pinzón Bedoya  |  12 abril, 2006 en 11:03 am

    Hermosa metáfora. ¿A cuántos de nosotros no nos ha ocurrido algo similar? No sé, pero amí… me produce este texto algo como si mi otro yo se hubiera apoderado del texto y lo reprodujese en otro contexto. Gracias… quien seas… Saludos desde este caribe Colombiano lleno de sol, palmeras y mar… de miles de tonos de verde y azul

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