Trampolín

31 marzo, 2006 at 10:12 pm Deja un comentario

Al otro lado.

Escribió las tres palabras y les tuvo miedo

Al otro lado

Se deshizo cargo de ellas

Parada en las puntas de los dedos que se cansan pero no ceden
Otra vez los talones al piso
Se mira las uñas mordidas, sangrantes.
Abandona el borde
del lado equivocado.
Piensa que el borde es tan solo borde y el límite es un espejismo.
Recuerda al Perseguidor perseguido que persigue… y el borde. Ha olvidado el cuento, vuelve siempre al borde.

Se siente agotada y busca un refugio, se ampara en la imagen de sus
palabras escritas en una pizarra con tizas de colres. Inevitablemente
muere la imagen.

La asalta la pregunta sensata ¿Para qué? ¿Para
qué destruirse los dedos una y otra vez? ¿Por qué quieres ir si no
sabes dónde? ¿Por qué piensas que hay un salto que te permitirá volar?
Pero esas preguntas no son más que parte de lo que hace resistir a sus
dedos.
Pasa un poco por pegar la cara al suelo y sentirse bien. Querer quedarse, rasguñar las baldosas.

Agosto, 2002

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Banco de plaza Diálogo impreciso

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