Archive for mayo, 2006

Espiándose la Vida

"Les amours mortes
N'en finissent pas de mourir"
Serge Gainsbourg

Hay una lucecita encendida en el departamento. Una sola. La de la pieza. Las cortinas ya no son azules. Tal vez tú no pienses nunca en esto, pero a veces yo vengo aquí a mirar las ventanas desde las que una vez miré hacia fuera. Ahora está sólo esa luz prendida, imagino que los habitantes hablan después de haber hecho el amor. Como tú y yo. Recuerdo cuando visitamos ese departamento por primera vez. Se veía tan chiquitito, con las paredes tan blancas, y ese eco. Igual como cuando saqué la última caja. Con la diferencia de que esa primera vez las paredes blancas eran donde escribiríamos nuestra historia. Después era el vacío que se instaló entre nosotros y nunca más pudimos llenar.

Me he preguntado mil veces qué pasó, me he contestado otras mil, de distintas formas. Ya no vale preguntar más. Ahora sólo valer recordar, esa vez que fuimos a comprar las cortinas del baño, y la mesita de centro, esa lámpara que terminó por resultarme odiosa. Recordar nuestras conversaciones desnudos, cuando vimos hijos, animales y viajes en nuestra vida por venir. Resulta que tu hijo es de otra, cómo me iba a imaginar yo eso. Cuando compraba ese basurero tratando de imaginar si te gustaría o no, cómo me iba a imaginar que terminaría en una pieza que sería sólo mía y que lloraría cada vez que lo viera. O esa vez que hicimos la inauguración, invitamos a todos nuestros amigos, apenas cabían en el living, y los pasillos, y la cocina, cómo nos reíamos todos a carcajadas. También recuerdo ese miedo, ese dolor de guata que me venía a veces cuando aparecía en una esquina de mi mente una duda mientras te miraba picar cebollines, y si… también recuerdo cómo manoteaba la idea, la espantaba para que se fuera, porque verte picar verduritas mientras yo ponía agua a hervir era tan dulce. Al final fue verdad, esa idea que no dejaba entrar, esa idea que ahogaba con todas mis fuerzas, fue verdad.

De a poco ese lugar se fue convirtiendo en nuestro, con cada cosa que compramos pensando en dónde poner, con los regalos de tus papás y los míos, de nuestros amigos que se hacían indistinguibles. Toda propiedad era indistinguible, lo tuyo, lo mío, era lo mismo, si vivíamos juntos, si íbamos a estar juntos hasta que el cielo se cayera. Tú eras para mí y yo era para ti, tenía esa certeza que se comprobaba cada vez que me acariciabas el pelo. Me acuerdo de una vez que llegué de vuelta después de un día agotador y me tiré en el sillón, respiré y me di cuenta de que ese era el mejor lugar del mundo, que tú llegarías pronto y cualquier cosa que hiciéramos sería lo mejor, que iba a dormirme en tu abrazo y que eso era lo único que podía sacarme el cansancio.

Después… después vino todo lo demás, eso de lo que no me gusta hablar. Primero la comodidad que se convirtió en hastío, en querer salir en vez de llegar. Luego las rabias, por los platos, o la ampolleta que nadie cambiaba. Es normal, me dije, es normal, dijeron mis amigos, es normal, dijeron mis papás. Es normal. De pronto lo normal era que no nos miráramos, ni nos habláramos. Lo normal era no saber cómo tocarte y dejar de esperar que me tocaras a mí. No saber cómo decir que la felicidad era sólo un cuento de otros tiempos. En el medio hubo días buenos, pero fueron escaseando cada vez más, cada vez más. Hasta ese día que me desperté y odié que estuvieras a mi lado, lo odié de verdad. Entonces esperé, deseé con toda mi alma que pasara, que fuera sólo un momento, una etapa. Es normal. Hasta que un día me dijiste que querías ir a estudiar allá. Yo te dije que te vaya bien.

Yo te dije que te vaya bien. Entonces no sé por qué vengo ahora a pararme debajo de esta ventana, a mirar esa lucecita encendida. No sé por qué hago este ejercicio prácticamente cada semana. Si todo eso fue hace tanto tiempo. Si tu vida está tan infinitamente lejos de la mía. No sé por qué aún conservo esa lámpara, si me parece odiosa.

31 mayo, 2006 at 11:55 am 2 comentarios

Malentendido

Dicen que esta casa es de ellos
Los Otros

Miro fragmentos vedados
la sonrisa ancha
y dulzura imposible
de tu inmaterialidad mía

Te espío allá lejos
en la irrealidad donde no estoy
en mi marca en el colchón

Allá, tú en mi prescindencia
y yo acá inexistiendo
inventando
que el fantasma eres tú

18 mayo, 2006 at 10:55 am 3 comentarios

Paraguas

Tomar la palabra adiós y machacarla para hacer un ungüento
Es casi lo mismo que la cera en los oídos
Aunque eso tiene otras repercusiones

Santiguarse frente a la casa de azúcar
Es necesario pero inútil
A menos que se habite desde fuera

Sacudirse la lluvia es insuficiente
Pero imprescindible
Para andar desnudos por la casa

Poner las palmas hacia arriba
Es una buena solución para el insomnio
Cuando pueden estirarse los dedos

4 mayo, 2006 at 11:11 am Deja un comentario


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