Breve historia de un debut y despedida

30 agosto, 2006 at 10:20 am 3 comentarios

¿En qué estaba pensando? No sé, no me preguntes eso, probablemente en nada. Sé que tú hablabas, y que yo a ratos no te escuchaba, porque te miraba la boca, concentrada en su textura, en cómo andaba por tu cara, en qué otros ángulos podía haber para aprehenderla. Así te dejé hablar y me contaste un montón de cosas que eran un poco como secretos, aunque tú lo decías como si fuera lo más normal del mundo, pero en tu voz se notaba que eran secretos. Algo contesté en un momento, algo dije que mí me parecía tal cosa, y tú te quedaste callado, mirando a través de la alfombra, te giraste hacia mi, abriste la boca, tomaste aire, moviste la mandíbula y la volviste a cerrar, luego como en un suspiro dijiste, sí, tienes razón. Entonces me puse a hablar yo, porque me di cuenta de que a ti ya no te quedaban ganas, y también dije cosas que eran un poco secretos, pero las dije como si nada, aunque tú te diste cuenta de que eran secretos porque me brillaban los ojos cuando hablaba. Entonces yo dije algo y tú me respondiste y yo te dije, sí, eso mismo, como si fueras la primera persona en el mundo que podía entender algo así. Y nos miramos y nos reímos y luego otra vez el silencio, pero ahora frente a frente, tu boca ya no se movía, en cambio tenías los ojos clavados en mí. Esos ojos que eran como esas piedras semi-transparentes que pules con una dedicación extraterrestre, brillaban y me arrastraban adentro del color verde, yo me iba sumergiendo mientras algo en mi cabeza me decía que volviera y algo más se reía a carcajadas animándome a no volver nunca. Eso fue seguramente, que escuché la risa en vez de otra cosa, que de repente sonreíste, probablemente porque el silencio comenzaba a ponerte incómodo, y mis risas internas resonaron en la tuya, y tus dientes me invitaron sin querer. Así yo también me reí y me levanté unos centímetros del sillón, te tomé el mentón, para fijar tu cara en mi mano, y te di un beso, un pequeño beso, que apuntaba más al deseo de probarte que al de devorarte.

Tú te quedaste ahí con los brazos abiertos y los ojos también. Me mirabas con insistencia y perplejidad, y claro, la risa mental se calló del todo y en cambio la otra cosa empezó a increparme horrorizada, qué hiciste, qué hiciste, repetía. Tú empezaste a decir algo, dijiste pero… y te absorbieron los puntos suspensivos, no pudiste seguir, probablemente porque pero es una muy mala forma de empezar una frase. Yo nada tenía que argumentar a mi favor, así es que volví a apoyarme en el sillón, derrotada por las circunstancias, por mí misma y mi deseo irresponsable, por ti y tus brazos lánguidos que no evitaron que volviera a la penosa realidad de haber traspasado una puerta que decía no pasar.

Esa perplejidad que se convirtió en derrota fue poco a poco tiñéndose de tristeza, porque varias veces me había imaginado ese momento y debo reconocer que era así, por mucho que fantaseara con finales más felices, por eso durante tanto tiempo le hice caso al letrero. Lo triste era que las cosas imaginadas se realizaban y ya no podía más pensar que eran mi imaginación, ya no podía más conservar una esperanza inconfesable de que no, de que quizás había otra alternativa, algo que no veía, una posibilidad que se me escapaba. No, todo era tal cual era. Entonces giraste la cabeza hacia mí, pero yo no te miré, volviste a mirar al frente y te acercaste dos milímetros, me pasaste el brazo por sobre los hombros, yo no me moví, pero me dejé mover cuando me atrajiste hacia ti. Así nos quedamos, abrazados, tratando de despojarnos del ruido de los pensamientos, traspasándolos con los ojos al suelo o la pared. En algún momento me quedé dormida, quizás tú también. En algún momento despertaste y yo también, pero no abrí los ojos. Me acostaste en el sillón, me arropaste y me besaste la frente. Entonces me dormí y soñé que tal vez…

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Invocación a una despedida Versos de vereda

3 comentarios Add your own

  • 1. Juan  |  1 septiembre, 2006 en 7:06 pm

    Bueno. Gran final.

    Responder
  • 2. alejandra pinto  |  24 septiembre, 2006 en 7:53 am

    una historia de incomodidad, ¿será la inadaptación del albatros en tierra>?, como decía baudelleire (no sé si lo escribí bien).
    a mi me suelen pasar esas incomodidades también, por eso soy, en el plano del contacto físico, muy poco arriesgada.

    un saludo

    Responder
  • 3. What is surrealism? I am surrealism  |  4 noviembre, 2006 en 1:28 pm

    GRANDE, ENHORABUENA!

    Responder

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