No enviados

13 junio, 2007 at 1:05 am 4 comentarios

Leo tus mail, todos. Es más, cada día, donde quiera que haya internet, reviso mi correo a ver si hay algo nuevo, algo tuyo. Al principio me pareció ridículo que me escribieras así, pero ridículo chistoso por favor sigue, no ridículo patético por favor para. El primero no te lo contesté porque sé que es mejor hacer la vista gorda frente al ridículo ajeno. Sorprendentemente no desististe.

Entre el 8 y el 15, empecé a revisar mi correo cada vez que había internet a mi alcance. Entre el 10 y el 17 me di cuenta de que no quería que dejaran de llegar, que había algo de ahí que yo necesitaba, que tus palabras me seguían por la calle, que eras un tipo de acosador que nunca me habría imaginado que existía. Creo que fue en el 18 que me dijiste que te detendrías, que entendías lo descabellado que era escribirme sin recibir respuesta, que tu intención no era exasperarme. Yo quería responderte, de verdad, contarte todo esto, cómo a las 3 de la mañana volvía a revisar la carpeta con tu nombre, cómo se había convertido en mi pasatiempo favorito. Contarte que a veces pasaba por una vidriera y se me ocurría que ese gato que mueve la mano podría gustarte, que el nombre de ese libro te daría risa, o que el titular del diario te enfurecería tanto como a mí.

Leía y quería decir algo, pero la situación me parecía inverosímil aún cuando la tenía delante. Yo escribiéndote a ti, diciéndote sí, está bien que tengas tantas cosas que decirme aunque no tengas idea quién soy. Mi sentido del ridículo se mostró mucho más sólido que el tuyo. Aún llegó el 19 y el 20, pero entonces se detuvieron, pasó el tiempo y nunca nada con tu nombre en la bandeja de entrada. Me desesperé un poco, mi sentido de la aventura increpó a mi sentido del ridículo, lo llamó idiota por renunciar a algo agradable sólo porque no tenía sentido. Me quedé atónita, presa de mi propia indecisión. Puse reply, pero no pude escribir una sola palabra, hasta el hola fue sometido a un intenso debate, así es que finalmente sólo apreté send. Después llegó el 21 como si nada hubiera pasado.

Te leo, siempre.

Anuncios

Entry filed under: Cuentos.

Petitorio La estrategia del gato

4 comentarios Add your own

  • 1. Juan  |  13 junio, 2007 en 12:55 pm

    Me gusta. Además las menciones a tecnología reciente (reciente?) en este caso no me producen ese escozor de lo que va a ser leído como añejo en un par de años (o semestres) más, como me pasó viendo Hard Candy.

    Responder
  • 2. Artemio Rulán  |  14 junio, 2007 en 2:17 pm

    lindo, lindo, lindo,

    Responder
  • 3. C  |  15 junio, 2007 en 1:16 pm

    Esa indecisión, esa indecisión… y la indiferencia, la bella. Esto es un acertijo.
    ¿El mensaje final de la narradora fue un mensaje sin letras? (a veces, me falla la comprensión de lectura)

    Responder
  • 4. juanlapeyre  |  18 junio, 2007 en 2:08 pm

    La suspensión, que significa “quedarse”, más que “cesar”. Es una extraña forma de “suspense”, porque nos lo llevamos. Como una puerta abierta que nunca atravesamos, que provoca lentamente hasta que se cierra y nos deja con un deseo exacerbado incrustado en el fondo, inoíble.
    ¿Por qué sucede? ¿por qué?

    Supongo que nada va ni viene de una “singularidad”

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


Entradas recientes

Flickr Photos

Playa

Autorretrato

Tequila

Autorretrato 2

Frutería

Más fotos

Feeds


A %d blogueros les gusta esto: