Intermedio

25 julio, 2007 at 6:26 am 1 comentario

−Es que no tenemos futuro− le dijo
−Pero tenemos presente− le contestó, porque a lugar común, lugar común y medio
−Idiota−acotó−todo el presente se acumula para pasado que aguanta sólo la nostalgia, que debe ser una de las estupideces más grandes
−Una de las estupideces más grandes es hacerse tanto caldo de cabeza por todo, gil
−No se puede hablar en serio contigo
−No, por eso te gusta juntarte conmigo
−Es verdad−jaque, pensó un rato−es que a mi me carga todo este tema de andar echando gente de menos, preferiría echar gente de más. Si sé que todo este discurso es insostenible, pero de verdad que encuentro que los términos se contradicen entre sí y me quedo como en un atochamiento, sin poder ir para atrás ni para adelante.
−Sí, eso pasa cuando uno se toma las cosas en serio, o cuando las cosas se lo toman en serio a uno. En realidad tu problema no es un problema, te estás quejando por anticipado de algo acerca de lo que te vas a quejar igual después, no importa lo que suceda desde este momento en adelante.
−O sea que tanto me gusta la nostalgia que voy ensayando con tiempo
−Exacto
Mientras se reía le dieron unas ganas terribles de llorar y una vergüenza considerable por eso. Pensó que encantada externalizaría sus emociones a un contratista que supiera qué hacer con ellas. Tomó mucho aire y se sopló la nariz, abrió mucho los ojos y miró para otro lado, un lado que ni siquiera estaba ahí, ese era el rito que tenía para no llorar. Logró tragárselo todo, pero se le quitaron las ganas de hablar. Cualquiera habría respondido a esa incomodidad cambiado el tema, habría dicho algo chistoso, o en el peor de los casos habría dicho me tengo que ir. Lo que recibió en cambio fue un silencio sólido que le decía, está bien, no pasa nada, y eso no le quitaba la angustia, más bien la incitaba a darle una rienda que no quería darle por ningún motivo. Eso pasa por odiar los dramones. En esos casos se podría pedir permiso para ir al baño, decir “disculpa, tengo que perder el control 3 minutos, vuelvo al tiro”, lo habría hecho si no fuera porque sabía que 3 minutos no iban a ser suficientes.
−¿Entonces lo que quieres es despedirte ahora?
−Te encanta ridiculizar mis zapatos chinos
−Eh, sí, es cierto, pero un poco también para que te desenredes tú, para que te resulte excesivamente evidente la inexistencia de tu problema
−¿Cómo “un poco”? ¿Qué es el otro harto?
–Reírme, obvio
–Te odio
–Mejor para todos
Los abrazos son un gran invento, pensaba, mientras se dejaba rodear por esa tibieza de “yo también te voy a echar de menos”

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Entry filed under: Cuentos.

El bosque Beso de callejón

1 comentario Add your own

  • 1. Jota  |  28 julio, 2007 en 2:58 pm

    hola! sabes que el otro dia estuve hojeando un libro de Juarroz –ahora que lo pienso ayer dije a alguien que era quien me había dicho de él, pero en realidad habias sido vos!- y me pareció mmmuy muyy bonito…=)

    gracias por mencionarlo,sino no hubiera tenido las ganas de tomar el libro para ver de que se trataba!

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