Archive for septiembre, 2007

Juana Molina: la magia del duende rojo

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A Juana la escuché por primera vez el año pasado, la descubrí por casualidad y sus discos me sedujeron rápidamente, los escuché todos. Este año me llega un mail que dice que viene Juana, yo siento que tengo que ir a su recital, como quien va a tomarse un café con una amiga que no ve hace tiempo. Llego ese día, a pesar de que habían otros 10 lugares donde tenía que estar a esa hora, me siento, espero, escucho a Gepe, me decepciono un poco porque el recital al que fui hace un par de meses fue mucho mejor. Intermedio, encienden las luces. Tomo cocacola con papas fritas y miro a la gente, con un estilo que me alegro de no compartir. Hasta ese momento era una noche normal.

Apagan las luces y sube al escenario un duende rojo que se instala tras una consola espacial, sus armas para hundirnos en un trance que nos lleva a las profundidades acuáticas de una experiencia a ratos mística. Partiendo de sonidos sencillos, una guitarra, un beat, una letra, construye capas y capas de sonidos que se van deconstruyendo la canción hasta transformarse en el puro sonido, abandonando la estructura del lenguaje. Su naturaleza mágica se revela en esa capacidad de hipnotizar que no se adivina al ver subir al escenario ese cuerpo delgado y pequeño, su vestidito de niña en domingo y sus zapatos con hebillas. Que esa vocecita y manos largas sean capaces de hacer todo lo que sucede más tarde en el escenario, no puede ser entendido sin imaginar fuerzas incognoscibles que rescatan algo que imagino se parecen a antiguos ritos chamánicos.

La construcción de la canción sucede allí, frente a nuestros ojos, y eso es tan hipnótico como mirar a un dibujante de plaza construir un rostro desde unos trazos en papel blanco. Toca una serie de notas en el piano, o en la guitarra, como si les estuviera enseñando esa parte de la canción, porque después ellos siguen tocando solos, para que ella pueda entrenar al micrófono en un fraseo, sobre el que cantará otro y otro más, vocalizaciones, palabras, sílabas, sonidos, acompañados de percusiones hechas en casa, que se suceden a la orden de su zapato que ordena a los pedales como director de orquesta. Una alquimista de precisión milimétrica, que tranquilamente convierte lo que sea en oro.

Escuchándola no es difícil entender las ideas que están detrás de su música, o por qué murmura cuando habla arriba del escenario. Ahí está la importancia que tiene para ella el sonido, cómo cada uno se convierte en una pieza en su ajedrez musical. Así, cuando se equivoca construye una canción a partir de su error, y una casi puede imaginársela componiendo “calle ya a ese perro, no lo aguanto, se lo ruego”. Juana Molina en vivo no se parece a nada que yo hubiera visto antes, de esas cosas que dan ganas de ver y volver a ver, un disco para escuchar 500 veces y aún un par de veces más.

Menos mal que el mundo perdió una actriz.

9 septiembre, 2007 at 4:51 am 4 comentarios

Decisión

He tomado una decisión
(ya deberías saber,
tomo decisiones los lunes
me ahogo los martes
me olvido los miércoles
me imagino los jueves
me emborracho los viernes
me arrepiento los sábados
te espero los domingos)

no acepto tus insolencias de pájaro
ni andar recordada de bruces
en veranos otoñales

me voy a cantar canciones
sin memoria ni destino
sin plazos ni alivio

a dedos trenzados en la cintura
con el pelo firmemente tomado
y vistas homicidas

he decidido no entender nada

5 septiembre, 2007 at 10:07 pm 1 comentario


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