Tiempo de espera

7 enero, 2008 at 7:17 pm 2 comentarios

No tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo
y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj.

Alicia en el País de las Maravillas

Esta es la espera, me dijo, y dibujó una cosa que parecía una roca con la base más ancha. Este es el deseo, y dibujó una flecha.
Este es el tiempo, y el dibujo fue un círculo grande donde estaba el deseo y la espera. Con su lápiz puntiagudo comenzó a señalarlos mientras explicaba.
La espera es una mentira del tiempo. El tiempo le miente al deseo, le dice que ya viene eso a lo que apunta su flecha –que puede ser cualquier cosa, precisaba-. Entonces aparece la espera, que es esta cosa que esta aquí –señalaba- y que en realidad no es nada, no existe.
Decía en realidad y se reía, porque sabía que eso también era una broma.
El tiempo siempre hace lo que quiere, viene de acá para allá y a veces es reloj y calendario, otras es una noche eterna donde te duermes de noche y te despiertas de noche y te duermes otra vez y de vuelta a la noche. Otras es un viaje en metro que dura por siempre. Aún otras es una vida que dejó de ser arrastrada para quedar aplastada debajo del tiempo como en un aluvión. Todo eso al tiempo le da lo mismo, se ríe –el tiempo tiene muy buen sentido del humor, un poco sarcástico, no como el destino, pero esa es otra historia-. Como ves, el que queda afuera acá es el deseo, que se confunde, se pierde, se queda sepultado debajo de la espera que se vuelve grande y pesada. Porque el tiempo nutre a la espera, que es cada vez más inamovible, porque cada segundo vale más que el anterior.
Yo ponía cara de que entendía.
El deseo, engañado por el tiempo, alimenta la espera, decía satisfecho.
Qué hacemos con el deseo entonces, le pregunté.
Movió la cabeza reprobatoriamente, como si yo hubiera entendido todo al revés.
El problema no es el deseo, me dijo, es la espera, es eso lo que hay que sacar del medio, la mentira que hay que desmantelar.
Y cómo, pregunté sabiendo que era esa la línea que me tocaba.
Sonrió, disfrutando mi conocimiento del guión, que le permitía hacer su cierre triunfal.
La espera se abandona.
Hizo un silencio dramático.
Se le da la espalda y punto, ahí el deseo queda liberado y el tiempo va a torturar a alguien más.
Ja, dije yo.
A ver si entiendo.
Dejé de esperar que se callara y le lamí la cara, porque hace rato me preguntaba qué sabor tendría.

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1 de Enero La vereda de enfrente

2 comentarios Add your own

  • 1. sole  |  7 enero, 2008 en 9:32 pm

    vaya. me gustó mucho esto, como que “me hace sentido”
    un abrazo de año nuevo a destiempo, en parte por ritual, pero sobre todo porque me gusta haberte conocido
    a ver si nos juntamos por ahí sin sistema educativo de por medio

    Responder
  • 2. alejandra  |  27 enero, 2008 en 4:44 pm

    una vez escribí un texto inspirado que se llamaba “para cualquier didáctica de la espera”, pero era más rebuscado que el giro simple de dar la espalda. no había pensado en eso de ignorarla, deshacer la espera.

    Responder

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