Poesía

Pocito

Rafa Cofiño

Estimado Rulán:

Llevo meses, años, preparando el día en que usted me deje de querer.
La expresión bien mirada y más leída es en sí hilarante: “dejar de querer”. Pero así lo reconozco.
Pienso que ya me estaba preparando para ello mucho tiempo antes de conocerlo. Y que me había empeñado conmigo misma en una especie de competición interna de quererle y desquererle. Unas olimpiadas del absurdo en este pueblo mexicano de absurdos exiliados.
Así. Un campeonato de verbos opuestos que sólo algunas veces ahí en su pelo o en esa maraña de tardes o robándole luz a los gatos en el patio era capaz de someter y que en el fondo prometía, porque así jugando a los contrarios y en sentido ahora hacia acá y luego hacia allá, así iba trenzando una cuerda que me dejaba al menos un anclaje y era a un lugar remoto, más lejano que usted y al principio de usted pero incluso más lejana que yo y al recuerdo de mi recuerdo, y por eso quizás el anclaje no estaba aquí y quizás era dios o quizás un rastro ceniciento que tiene la moldura del mundo antes de nacer o quizás tan lejano ese clavo para mi cuerda de olvido y querencia que estaba en la propia espalda del tiempo y al final voy a ir llegando y como siempre, llego, pero haciendo las cosas al revés. Con este vértigo y cansancio que da llegar siempre, puntual pero de espaldas, y eso, pero bah.
Bah. Lo importante es el afán del día en que usted vaya a dejar de quererme. Y los preparativos. Me voy construyendo un pocito sobre las clavículas, pocito con agua y restos de noches de usted y de antes de usted y de después de usted. A fin de cuentas han sido tantas las noches antes y serán tantas las de después que quizás esto solo haya sido un espejismo una pequeña uña en el deseo, una raya en ese manto rojo con el que voy acunando las cosas, de ahí la construcción detenida de este charco sobrio para los gorriones, para los insectos y para los perros tristes, una balsa franciscana de pobreza con acierto por ser esta la mayor pobreza de todas: la de este cuerpo sin vos y la de su cuerpo desde entonces sin usted y sin mi.
Para ese día preferiría el charco en las escápulas, en ese trozo que vos me decís “vestigio de aire”, en este inmaculado que vos mimaste desde el primer día que viste mis alas en el espejo y os acogí y os sacudí la cabeza y os curé las heridas y os amontoné el verbo y os cedí palabras. Pero son demasiadas altivas mis espaldas.
Por eso, humilde, os brindo el cuello.
Para ese día os cedo el pocito sobre las clavículas.
Un pozo luminoso que será también vuestro faro de vuelta.
En él dejaré la transparente claridad de sus versos Rulán,
esas sondas metafísicas que los ojos lanzan cuando muere abril,
el viento de mayo o la pereza del océano en septiembre,
sed para que bebáis,
un vaso de agua bendita
para santiguaros cada vez que entréis y salgáis de mi cuerpo.

Florentina Resteiro. De las cartas a Artemio Rulán.

Un amor más allá del amor

Roberto Juarroz

Un amor más allá del amor
por encima del rito del vínculo
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones
intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizás también como cerrarlos.
Pienso que en este momento… (Poesía Vertical I-9)

Roberto Juarroz

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que solo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.

Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo.

Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.

OBSERVACIONES RELACIONADAS CON LA EXUBERANTE ACTIVIDAD
DE LA “CONFABULACION FONETICA” O “LENGUAJE DE LOS PAJAROS”
EN LAS OBRAS DE J. P. BRISSET, R: ROUSSEL, M: DUCHAMP Y OTROS

Juan Luis Martínez

a. A través de su canto los pájaros
comunican una comunicación
en la que dicen que no dicen nada.

b. El lenguaje de los pájaros
es un lenguaje de signos transparentes
en busca de la transparencia dispersa de algún significado.

c. Los pájaros encierran el significado de su propio canto
en la malla de un lenguaje vacío;
malla que es a un tiempo transparente e irrompible.

d. Incluso el silencio que se produce entre cada canto
es también un eslabón de esa malla, un signo, un momento
del mensaje que la naturaleza se dice a sí misma.

e. Para la naturaleza no es el canto de los pájaros
ni su equivalente, la palabra humana, sino el silencio,
el que convertido en mensaje tiene por objeto
establecer, prolongar o interrumpir la comunicación
para verificar si el circuito funciona
y si realmente los pájaros se comunican entre ellos
a través de los oídos de los hombres
y sin que estos se den cuenta.

NOTA:
Los pájaros cantan en pajarístico,
pero los escuchamos en español.
(El español es una lengua opaca,
con un gran número de palabras fantasmas;
el pajarístico es una lengua transparente y sin palabras)

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